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Crisis en la industria algodonera en Colombia

De la crisis del algodón dieron cuenta titulares de revistas nacionales en éstos términos: “El Algodón: Una frustración nacional” ; […]

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De la crisis del algodón dieron cuenta titulares de revistas nacionales en éstos términos: “El Algodón: Una frustración nacional” ; “Algodón. Cinco años de agonía y lamentos” ; “La crisis en el cultivo del algodón ¿Problema de los algodoneros o problema nacional?” ; “La quiebra algodonera” ; “Algodón, 50 años de inestabilidad” ; “La última cosecha” . Todos estos titulares, palabras más palabras menos, tratan sobre la problemática del sector durante un período, primero de consolidación y bonanza (1950-1977) y después de crisis y estancamiento a partir de 1978. Respecto al período de consolidación y bonanza, según datos presentados por José Félix Lafaurie , a partir de 1950 se inició un proceso de expansión y consolidación que alcanzó su pico más alto en 1977, año en el que el área sembrada alcanzó las 400.000 hectáreas, de las cuales se obtuvieron 160.287 toneladas de fibra.

Todos estos factores de tipo micro y macroeconómico hicieron que los costos de la producción aumentaran considerablemente, frente a los ingresos por la venta de las cosechas que se veían disminuidos, trayendo como consecuencia una falta de liquidez del cultivador para poder cubrir sus compromisos financieros, no sólo con los gremios sino con la banca, que no dudó en proceder a los embargos respectivos. Ante esta situación, muchos cultivadores abandonaron la actividad, principalmente aquellos que cultivaban en tierras arrendadas.

Un testimonio de estos permite inferir lo delicada de la situación en cuanto al problema que se avizoraba, no sólo económico sino social, ya que Valledupar ha sido y sigue siendo una ciudad en donde “el qué dirán” es muy importante en la vida de las personas; era preferible el suicidio antes que verse arruinado por el asunto del “azar y el riesgo” que implicaba ser cultivador de algodón.

Por su parte, Manuel Germán Cuello expresó: Bueno, en los años 1980 el algodón fue acabándose, la gente se fue retirando porque dejó de ser rentable y quedaron debiendo a los bancos y casas comerciales; todavía hoy no se han arreglado todos los problemas. Fueron varios factores los que nos llevaron a esa situación. La plaga fue algo muy bravo, primero vino la Labama que se comía la hoja y no se metía con la mata, ni con el fruto, después vino el Gusano Rosado de la India que se comía la fruta, después vino el Heliotis que comía hoja, planta y de todo, era el peor porque comía de lo que viera. Entonces todos esos insecticidas eran muy costosos y los que teníamos grandes plantaciones nos tocaba fumigar con aviones, y los que tenían hasta 40 hectáreas sembradas a veces fumigaban con bombita de espalda o con avioneta porque la agremiación respondía. La cuestión se empeoró con el algodón chino que las fábricas comenzaron a comprar, era más barato y también de menor calidad, pero a las fábricas como Coltejer y Fabricato les convenía comprarlo para combinarlo con el de aquí que sí era bueno, esa situación quebró los precios internacionales. Las cosas se volvieron muy difíciles. La civilización de las tierras nos produjo la sequía, dejó de llover, ese fue otro de los factores que nos afectó. Como toda la tierra en esta región estaba deforestada, las lluvias se fueron alejando, entonces la falta de lluvia oportuna, los altos costos de los insecticidas, las plagas y el libre comercio, fue lo que acabó con el algodón.

El manejo de la plaga, el mercado internacional y el clima en las diferentes regiones algodoneras, y aunque parece ser que fue la plaga el peor de los males porque los algodoneros se quedaron sin cultivos y con un alto grado de endeudamiento con el sector financiero, los otros dos no eran menos importantes, se requería la intervención del Estado para afrontar tan difícil situación. Al respecto los titulares de prensa se presentaron en estos términos: “Represión de plagas. Con las más avanzadas técnicas se combatirán las del algodón” ; “La crisis del algodón” ; “Algodoneros preocupados por la política monetaria” ;”Algodoneros temen bajas en los precios internacionales” ; “Las plagas: azote de los cultivos” ; “Se acentúa crisis algodonera. Planteamientos del Comité de Evaluación Agrícola”.

Con los factores de crisis anteriormente descritos, se puede inferir que las consecuencias no solamente fueron nefastas en sentido económico sino también en sentido social. Crisis social que Arturo Guerrero describe en estos términos:

Cerca de 300 mil jornaleros del algodón quedaron sin trabajo y entraron a constituir hace cinco años el grueso de la mano de obra para la cosecha de la marihuana en la Sierra Nevada. Cuando esta hierba dejó de ser buen negocio, hace unos tres o cuatro años, muchos de esos desesperados desempleados comenzaron a procurarse el pan con asaltos, cuatrerismo y otra serie de actos que podrían calificarse de “delincuencia laboral”. Ciudades hace seis años prósperas como Valledupar, están hoy languideciendo.

Desde el punto de vista social, la crisis generó desempleo; por lo tanto, aumentaron los índices de pobreza, que a su vez generaron violencia, tanto en la ciudad como en el campo, en donde los grupos al margen de la ley se fortalecieron, muchos hacendados abandonaron sus fincas por temor a un secuestro, otros prefirieron radicarse en otra ciudad.

Otra consecuencia social resultado de la crisis del algodón fue la mayor concentración de la tierra, ya que como los pequeños propietarios no tenían capacidad para cultivar, arrendaban sus tierras a propietarios de fincas aledañas interesados en expandir más los cultivos, y en el peor de los casos terminaban vendiéndola a sus arrendatarios, que como es de suponer tenían mayor capacidad productiva y de compra. Así se fortaleció el latifundio y se acrecentó el conflicto social. Al respecto, Jorge Dangond expresó: “yo tuve varias fincas y también he vendido, llegué a tener como 8.000 hectáreas de tierra”.




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